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NIÑOS QUE PINTAN PAREDES

A mis hermanos y a mi, nunca nos dio por ahí (¿alguna vez a ti, Sis?), así que llegué a la conclusión de que era cosa de “niños educados” vs. “cuasi-salvajes a los cuáles su mamá no les daba ni la más leve barnizada de normas civilizatorias”.

¡Ni máiz! Pintar en las paredes es una vocación y no hay madre, alternativa, sermón o castigo que valga. Es más, no hay pizarrón del tamaño de la pared que sirva.

Conozco un niño que jamás pintó una rayita fuera de un cuaderno, cartulina o papel. Una niña que sólo lo intentó una vez (eso sí, con marcador permanente en todos los muebles buenos de su casa) y luego decidió que por ahí no era. Y luego está, por supuesto, Ángel.

Ángel empezó a pintarrajear en cuanto pudo sostener una crayola y después de que conoció los marcadores, no ha habido límite en su carrera.

Su vocación muralista no acaba en las paredes, sino que abarca todos los muebles del cuarto de tele (tres). Admito… no son de caoba, lo cual no deja de ser ventaja.

Desde que pudo sostener una crayola, le daba yo hojas enormes y me pintaba la mesa; le indicaba la pertinencia de pintar en el papel y tiraba la crayola; le pedía que la levantara y a la pura pasada… me rayaba el piso.

Forré las cajoneras de los juguetes y la mesita de la cena con “contact” y no duró ni 3 semanas. Lo arrancó, pero dejó claro el por qué: “es que ahí no se puede pintar”.

La pizarra, pintada del tamaño de la pared, y alrededor de la cual imprimió “manitas” del mismo verde, fue un intento de encausar sus trabajos. ¡AJÁ!

Un buen día se lució: pintó con lápiz, con colores, con marcadores de agua y con el de aceite. Cual prisionero de Alcatraz, pintó unos alambres de púas de lo más estéticos (entre muchos, muchos otros garabatos).

Papá: ¿Y entonces de qué sirvió que pintara el pizarrón?

Ángel: Es que no me dieron los gises y yo no los encontré

Mamá: ¿Y a qué hora me los pediste?

Ángel: Bueno, ¡ya! Pensé que no lo ibas a notar

Mamá: Ángel ¿Cómo no lo voy a notar? ¡Pintaste los muebles, el guante de Hulk, la mesita y la pared abajo de la tele!

Ángel: La tele también… con marcador del que no se quita, porque el otro no se veía…

 

Epílogo.

Cuando el culpable se ha ido, al papá se le sale la sonrisa “es que se aburre…”.

Según él somos afortunados, pues dice (y no tengo por qué dudar de su palabra) que hay niños pirómanos.

 

P.D. (Una semana más tarde)

Mamá: ¿Volviste a pintar el mueble del cuarto de tele?

Ángel: Nooooooo

Mamá: ¡Ángel! Esos peces con ojotes son nuevos

Ángel: No son peces… son fantasmas

Mamá: Y si no los hiciste tu ¿Cómo sabes?

Ángel: Bueno sí, fui yo. Y mira, estos son brazos, no aletas. Además, ¡los peces no tienen lácteos!

Alejandra Ulloa

Alecita es mamá añosa; y primeriza por partida doble: lo que aprende con Dante (7 años) lo desaprende con Angel (5) y vuelve a empezar. Comparte su labor de Hacedora de Recuerdos con K, amigo desde hace 26 años y cómplice en esto de ser y hacer familia desde hace 10. Procura no caer en la tentación de tomarse demasiado en serio y en esto de ser mamá tiene todo, menos certezas.

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