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MADRE PRIMERIZA: SUCESO INVEROSÍMIL DE UNA IDEA ROMÁNTICA

(Primera parte)

Desde novios la luna estuvo presente en nuestras vidas. En el paisaje de la noche: escenario perfecto para dos enamorados; en la inspiración de un poema: regalo de aniversario; en el dije: presente de cumpleaños; en el gráfico de aquella tarjeta que provocó que mi corazón latiera acelerado un catorce de febrero.

De esa manera siguió haciéndose presente en detalles, hechos canciones, sabores y formas hasta que llegó aquel día en que la prueba de embarazo dio indicios de vida al latir dentro de mí (con dos líneas rosas)… Brinqué, corrí, reí, lloré y fui (y sigo siendo) desde ese día la mujer más feliz de la tierra y probablemente la más creativa para las historias románticas.

Nunca dudamos del nombre que tendría nuestra hija: Luna (por suerte fue niña, porque aún no imagino un varón con el nombre de Luno), que mejor manera de dar fe que aquella presencia metafórica que tomaba forma de una bebé maravillosamente bien imaginada. Y así, imaginada, se iba coloreando mi experiencia embarazosa.

Me sentía soñada al asistir a la universidad. En un principio, con una pancita diminuta en la que apenas un chicharito se enmarcaba en su interior. Más adelante, la luna llena aparecía incrustada justo en medio de mí, muy cerquita al corazón. Y parecería que desde entonces ya tenía decidido quedarse ahí a vivir por siempre.

Fui, qué digo fui, fuimos, tanto Luna llena incrustada en mi interior como yo, personajes protagónicos de  las historias que se vivían dentro de mi grupo de amigas (así lo viví, así lo sentí), de mi familia, de mi casa. Cómo gocé cada sesión de ejercicios psicoprofilácticos: inhalaba y exhalaba en cada respiración, dosis de escenas maravillosas del momento tan esperado: el parto.

Todo estaba planeado (jajaja, ilusa de mí) para que fuera un evento único, especial y acogedor en el calor de nuestro hogar. Justamente al centro de nuestra casa: en la sala. Sería en agua y la alberca que utilizaríamos para recibir a Luna sería detalladamente escogida. La fecha de su arribo a este mundo estaba indicada en la segunda semana de enero del 2001. Mi mejor amiga estaría presente para grabar cada detalle de tan romántico momento. Marco, como compañero de aventura, dispuestísimo a inhalar y exhalar como los psicoprofilácticos indicaban, estaría atento a cada contracción y a resolver lo que indicaba cada gesto que aparecería en mi rostro. Por supuesto que mi dula y mi ginecólogo prestos a cada indicación que mi cuerpo de madre a punto de parir sugiriera.  Las melodías de Mozart, las velas y el incienso deberían ser ingredientes indispensables  para dicho evento. Y para cerrar con mi suceso inverosímil, familiares y amigos esperarían pacientes y  comprensivos de mi llamada avisándoles que todo estaría perfecto, esperándolos felices con los brazos abiertos. Mejor dicho: con una bebé en los brazos, con un moño color rosa en la cabeza y un “outfit” delicadamente previsto. Nosotros (Marco y yo) rozagantes, lozanos y frescos para la foto familiar con un lindo recuerdo en la mano de “gracias por venir a conocerme”.

¡Oh sorpresa que nos llevamos todos! Mi mejor amiga, mi ginecólogo, mi dula, mi familia, mi esposo, mi Luna y yo como madre primeriza… porque la realidad no concordó en nada con aquellas escenas.

kika

Soy Erika del Rocío pero en el mundo de la creatividad, la educación y el arte soy Kika. Soñadora, espontánea, media bruja y maga, apasionada de compartir el tiempo y experiencias con seres mágicos, de cualquier tamaño que disfruten cada instante y se dejen sorprender por la vida. Soy coleccionista de recuerdos y artesana de mis pasiones. Me acompañan en este viaje Luna y Aura (mi mayor regalo). Tengo un cómplice y maestro con quien comparto mis locuras, tristezas y alegrías; Marco.

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