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Las lecciones del pan.

 

Hacer pan es, como dijo Marijose, metafórico. Criar hijos, no tanto.

Lo escribo porque en mi vida he horneado un pan y estoy cocinando dos hijos.

De la única vez que hice pan, me quedo con lo que sigue:

 

Lección No. 1: Para hacer pan, como para formar una familia, hay infinidad de recetas. Unas son para pan de caja, otras para bolillo, hay panes suavecitos, duros, dulces, salados o con frutas… elige tu receta según tu gusto y deja en paz la del otro, o no saldrá bien ni tu pan, ni el del vecino.

 

Lección No. 2: Si vas a hacer pan, necesitarás levadura.

La levadura es, me explicaron, un ser vivo y como ser vivo necesita amor: calorcito y apapacho. Una vez que has puesto la levadura ¡Cuidado! hay cosas que van a empezar a suceder por sí mismas.

No podrás controlarlas todas y no puedes descuidarte.

Bueno, de poder…puedes, pero no es recomendable.

 

Lección No. 3: El momento de poner los ingredientes básicos es al principio y rapidito. Después hay otros procesos, otros momentos… al final hasta podrás untarlos de lo que quieras; pero lo básico, o lo pones al principio… o perdiste la oportunidad.

 

Lección No. 4: Primero estás muy emocionado (sobre todo si es la primera vez), “voy a hacer pan, voy a hacer pan” (o bien, voy a ser papá, que en este caso igual aplica): arreglas tu cocina, compras utensilios nuevos, acomodas todo muy bonito y en menos de lo que te das cuenta te encuentras -literalmente- con las manos en la masa.

Y la masa resulta ser un ente viscoso que todo abarca, que todo ensucia, que se te pega en las palmas de las manos, en el dorso, entre los dedos y no te deja ni rascarte la nariz.

Paciencia y constancia… aguanta las ganas de llorar; agrega harina, amasa, vuelve a agregar, usa tu instinto si requieres improvisar un poco. Amasa, estruja, estira, golpea (sí, un par de golpes son parte del proceso), dobla, vuelve a amasar.

Poco a poco la masa toma su propia consistencia y se separa de tus manos.

Suspira y ponla en un gran recipiente, es momento de dar un paso atrás y dejarla crecer a su gusto.

Pon un relojito para que no se te olvide que no has terminado y deja que tu masa infle.

 

FINALMENTE: Poncha tu masa (una cosa es que crezca y otra muy distinta que tenga puro aire adentro) y ponla en el molde.

Si el molde es demasiado chico, la masa desbordará, si es muy blando, se deformará. Con el molde adecuado, no habrá más que dar un último toque acomodando las orillas.

Que no te asuste limitarla, si estuvo bien preparada, tu masa crecerá.

Y ahora… entrégala al mundo. Perdón, al horno.

Seguro que al final estarás orgulloso de tu pan.

Alejandra Ulloa

Alecita es mamá añosa; y primeriza por partida doble: lo que aprende con Dante (7 años) lo desaprende con Angel (5) y vuelve a empezar. Comparte su labor de Hacedora de Recuerdos con K, amigo desde hace 26 años y cómplice en esto de ser y hacer familia desde hace 10. Procura no caer en la tentación de tomarse demasiado en serio y en esto de ser mamá tiene todo, menos certezas.

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