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Una de fantasmas

Una de las (muchas) desventajas de ya no tener mascota, es que se queda una sin culpable designado para sombras y ruidos nocturnos inexplicables.

A partir de que se fue nuestra Chiquis, tuve que aprender a distinguir los crujidos de la casa, los chasquidos y coleteos de las lagartijas de la cocina y acostumbrarme al reflejo fugaz en la puerta del horno, que sigue siendo inexplicable, pero aceptado ya de tan cotidiano.

Después del cumpleaños de Angelo, sin embargo, empezaron a escucharse carreritas y zapateos cuando mis hijos ya estaban dormidos y nosotros en cama.

Al paso de los días y cuando empezaba a preguntarme si requería una limpia para la casa o un siquiatra para mí (aun más que de costumbre), descubrí que no eran otra cosa que pasos en el techo.

No en la azotea sino, literalmente, en el techo. Y los producía nada menos que el globo de Hombre Araña (regalo de Rafita), bailando con el aire; y así siguió mientras tuvo helio, convirtiendo mi casa en una réplica del Castillo en España cantado por Cri-crí.

Alejandra Ulloa

Alecita es mamá añosa; y primeriza por partida doble: lo que aprende con Dante (7 años) lo desaprende con Angel (5) y vuelve a empezar. Comparte su labor de Hacedora de Recuerdos con K, amigo desde hace 26 años y cómplice en esto de ser y hacer familia desde hace 10. Procura no caer en la tentación de tomarse demasiado en serio y en esto de ser mamá tiene todo, menos certezas.

1 comment

yolindaortuno - February 27, 2015 Reply

Los ruidos de las casas forman parte del calor de hogar. Yo también escucho ruidos cuando mi esposo sale de viaje…se nos agudizan los sentidos cuando estamos solas las niñas y yo. Pero efectivamente, mi perrita en la sala me da tranquilidad.

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